15 enero 2009

Tiempo

Uno de los grandes problemas de la sociedad actual es la gestión del tiempo. O al menos eso me parece ver a mi alrededor. Padres ultratrabajadores que no tienen tiempo para estar con sus hijos, hijos estresados que no tienen tiempo para jugar entre sus clases de natación + judo + danza + tenis + fútbol + pintura, parejas que no se ven nunca entre semana porque no tienen tiempo suficiente, amigos que dejan de ser amigos porque no se dedican tiempo... Es como si el estrés fuese el nuevo mal de nuestra generación, aunque por lo menos parece que nos libramos del tabaco de la anterior.

No sé, yo lo veo muy claro... Cualquier persona para ser realmente feliz necesita dedicar su tiempo libre a 3 aspectos de su vida: a su pareja, a sus amigos/familiares y a sí misma. Según la personalidad de cada uno le dedicaremos más o menos tiempo a uno de los tres frentes, pero estoy convencido de que todos necesitamos tenerlos todos cubiertos.



Una persona que se dedica en exceso a su pareja acaba entrando en el pozo de la dependencia, y si no le dedica tiempo acaba sin ser pareja.

Una persona que se dedica en exceso a sus amistades o familiares va a acabar por no sentirse correspondido, y si no les dedicamos tiempo acabaremos solos o dependiendo de la pareja sin habernos dado cuenta...

Pero estas dos cosas ya las conocíamos. Lo que parece una enfermedad de nuestro siglo actual es el no darnos cuenta de que necesitamos tiempo para nosotros mismos. Y a todas las edades. Que el niño esté solo en su cuarto jugando de vez en cuando es necesario. Por qué encadenarle todo el tiempo libre con actividades extraescolares, ¡¡aburrirse de vez en cuando es bueno!! Es muy importante que nos acostumbremos a nuestra compañía, nos ayuda a pensar y a aprender a querernos a nosotros mismos. El roce hace el cariño, eso es evidente, y estar con uno mismo de vez en cuando viene bien para quererse un poquito más.

Una persona que se dedica en exceso a sí misma acabaría aburrida y sola, sí. Pero una persona que no se dedique a sí mismo acaba estresada, dependiente de todo, con cambios exagerados de ánimo, con ansiedades, con hiperactividad o incluso sin personalidad. Debemos dedicar tiempo a descubrir qué nos gusta hacer, qué nos apetece, con qué disfrutamos más y hacerlo de vez en cuando en solitario, para gozar de nuestra propia compañía. Ya sea leer un libro, ver la tele, jugar al ordenador o dar un paseo por el barrio de madrugada. Es fundamental estar en paz con uno mismo y disfrutar de la soledad para no temerla.

Por eso cuando veo a padres que estresan a sus niños con múltiples actividades encadenadas me compadezco de ellos. Tan sólo espero que esos críos de mayores sepan estar solos sin subirse por las paredes.

No hay comentarios: